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07 junio, 2010
MI HISTORIA EN CANCIONES 2
05 junio, 2010
MI HISTORIA EN CANCIONES 1
20 abril, 2010
REPORTAJE FOTOGRÁFICO DE LA CATEDRAL DE PUNO
Puno es uno de los monumentos a la impresionante capacidad del ser humano andino para ocupar espacios, que para otros ámbitos serían simplemente inelegibles para vivir. Está a más de 3 600 m.s.n.m. en una pequeña bahía sobre esa maravilla natural que es el lago Titicaca. Sus habitantes aprendieron desde milenios atrás a conseguir hacer de una naturaleza poco amable, un verdadero vergel de diversas especies vegetales. La llegada de los españoles implicó la intrusión de varias expresiones culturales nuevas, entre ellas el catolicismo. La catedral puneña es una magnífica muestra del barroco andino y aquí les dejo algunas fotografías tomadas hace poco. (Todas las fotografías: Jorge Bedregal La Vera)
Pila de agua bendita y sobria entrada al baptisterio en el interior del templo
12 abril, 2010
TROVA Y GLOBALIZACIÓN
07 abril, 2010
DEJAD QUE LOS NIÑOS CORRAN DE LOS CURAS
CARTA ABIERTA DE SINEAD O´CONNOR
· Cuando era niña, Irlanda era una teocracia católica. Si se acercaba un obispo por la calle, la gente se apartaba para dejarle paso. Si asistía a un acontecimiento deportivo, el equipo se aproximaba a arrodillarse y besarle el anillo. Si alguien cometía un error, en vez de decir “Nadie es perfecto”, decíamos “Podría pasarle hasta a un obispo”.
Esta última frase era más certera de lo que imaginábamos. Hace unos días, el papa Benedicto XVI escribió una carta personal en la que pedía perdón -por decir algo- a Irlanda por los decenios de abusos sexuales a menores que cometieron unos sacerdotes en los que se suponía que debían confiar esos niños. Para muchos irlandeses, esa carta del Papa es un insulto no sólo a nuestra inteligencia, sino a nuestra fe y a nuestro país. Para entender por qué, hay que tener en cuenta que los irlandeses hemos sufrido una variante brutal del catolicismo basada en la humillación de los niños.
Yo lo viví en persona. Cuando era niña, mi madre -una madre maltratadora y todo lo contrario de lo que debe ser una buena madre- me animaba a que robara en las tiendas. En una ocasión me atraparon y pasé 18 meses en el Centro de Formación An Grianán, una institución para niñas con problemas de conducta en Dublín, por recomendación de una trabajadora social. An Grianán era una de las hoy tristemente famosas “lavanderías de las Magdalenas”, patrocinadas por la Iglesia, que albergaban a adolescentes embarazadas y jóvenes poco dóciles. Trabajábamos en el sótano, lavando la ropa de los curas en fregaderos con agua fría y pastillas de jabón. Estudiábamos matemáticas y mecanografía. Teníamos poco contacto con nuestras familias. No cobrábamos ningún sueldo. En mi caso, por lo menos, una de las monjas fue buena conmigo y me regaló mi primera guitarra.
An Grianán era un producto de la relación del Gobierno irlandés con el Vaticano; la Iglesia gozó de una “posición especial” recogida en nuestra Constitución hasta 1972. Todavía en 2007, el 98% de los colegios irlandeses estaba en manos de la Iglesia católica. Pero los colegios para niños difíciles han estado siempre plagados de castigos corporales salvajes, maltratos psicológicos y abusos sexuales. En octubre de 2005, un informe encargado por el Gobierno identificó más de 100 acusaciones de abusos sexuales cometidos por sacerdotes entre 1962 y 2002 en Ferns, un pueblo a unos 100 kilómetros al sur de Dublín. La policía no investigó a los sacerdotes acusados; se dijo que padecían un problema “moral”. En 2009, un informe similar involucró a los arzobispos de Dublín en la ocultación de varios escándalos de abusos sexuales entre 1975 y 2004.
¿Por qué se toleraba esa conducta criminal? Según el informe de 2009, el “importantísimo papel que ha desempeñado la Iglesia en la vida irlandesa es el motivo por el que se consintió que no se pusiera fin a los abusos cometidos por una minoría de sus miembros”.
A pesar de la larga relación de la Iglesia con el Gobierno irlandés, la carta en la que el papa Benedicto pide teóricamente perdón no asume ninguna responsabilidad por las infracciones de los curas irlandeses. Dice que, “antes, la Iglesia en Irlanda debe reconocer ante el Señor y ante otros los graves pecados cometidos contra unos niños indefensos”. ¿Qué hay de la complicidad del Vaticano en esos pecados?
En su texto, Benedicto da la impresión de que se ha enterado hace poco de los abusos y se presenta como una víctima más: “No tengo más remedio que compartir la desolación y la sensación de traición que habéis experimentado tantos de vosotros al saber de estos actos pecaminosos y criminales y de cómo se ocuparon de ellos las autoridades eclesiásticas en Irlanda”. Sin embargo, la carta de infausta memoria que envió Benedicto en 2001 a los obispos de todo el mundo les ordenaba guardar secreto sobre las acusaciones de abusos sexuales so pena de excomunión, es decir, actualizaba una perniciosa política de la Iglesia, expresada en un documento de 1962, que establecía que tanto los sacerdotes acusados de delitos sexuales como sus víctimas debían “observar el más estricto secreto” y “atenerse a un silencio eterno”.
Benedicto, entonces Joseph Ratzinger, era cardenal cuando escribió esa carta. Hoy, cuando ocupa el sillón de San Pedro, ¿vamos a creer que su opinión ha cambiado? ¿Y vamos a conformarnos ante las recientes revelaciones de que en 1996 se negó a destituir a un sacerdote acusado de haber abusado de hasta 200 niños sordos en el Estado norteamericano de Wisconsin?
La carta de Benedicto afirma que su preocupación es “sobre todo ayudar a sanar a las víctimas”. Sin embargo, les niega lo que podría sanarles: una confesión inequívoca del Vaticano de que ocultó los abusos y ahora está tratando de ocultar el ocultamiento. Asombrosamente, el Papa invita a los católicos a “ofrecer vuestro ayuno, vuestras oraciones, vuestra lectura de las Escrituras y vuestras obras de misericordia para obtener la gracia de la curación y la renovación de la Iglesia de Irlanda”. Y sugiere, cosa aún más asombrosa, que las víctimas irlandesas pueden sanar acercándose más a la Iglesia, la misma Iglesia que exigía votos de silencio a los niños víctimas de los abusos, como ocurrió en 1975 en el caso del padre Brendan Smyth, un sacerdote irlandés que más tarde acabó en la cárcel por delitos sexuales repetidos. Muchos irlandeses, cuando se nos pasó la risa, nos dijimos que la idea de que necesitamos la Iglesia para aproximarnos a Jesús es una blasfemia.
Para los católicos irlandeses, lo que insinúa Benedicto -que los abusos sexuales en Irlanda son un problema irlandés- es arrogante y blasfemo. El Vaticano está actuando como si no creyera en un Dios que todo lo ve. Quienes dicen ser los guardianes del Espíritu Santo se dedican a aplastar todo lo que el Espíritu Santo representa. Benedicto es culpable de dar una imagen falsa del Dios al que adoramos. Todos sabemos, en el fondo de nuestro corazón, que el Espíritu Santo es la verdad. Por eso sabemos que Cristo no está con esos que le invocan con tanta frecuencia.
Los católicos irlandeses tienen una relación disfuncional con una organización que comete abusos. El Papa debe hacerse responsable de las acciones de sus subordinados. Si hay sacerdotes católicos que abusan de los niños, es Roma, y no Dublín, la que debe responder de ello, con una confesión inequívoca y sometiéndose a una investigación criminal. Mientras no lo haga, todos los buenos católicos -incluidas las ancianitas que van a misa todos los domingos, no sólo los cantantes protesta como yo, a quienes el Vaticano puede ignorar sin problema- deberían dejar de acudir al templo. Ha llegado la hora de que en Irlanda separemos a nuestro Dios de nuestra religión y nuestra fe de sus supuestos dirigentes.
Hace casi 18 años, rompí una fotografía del papa Juan Pablo II en un episodio de Saturday night live. Muchos no entendieron la protesta; la semana siguiente, el presentador invitado del programa, el actor Joe Pesci, dijo que, si hubiera estado presente, me “habría dado una bofetada”. Yo sabía que mi acción iba a causar problemas, pero quería provocar un debate necesario; ese es uno de los ingredientes de ser artista. Lo único que lamenté fue que la gente pensara que no creía en Dios. No es verdad, en absoluto. Soy católica de nacimiento y cultura, y sería la primera en presentarme a la puerta de la iglesia si el Vaticano ofreciera una reconciliación sincera.
Mientras Irlanda soporta la ofensiva carta con la que Roma pide perdón y un obispo irlandés dimite, pido a los estadounidenses que comprendan por qué una mujer católica irlandesa que sobrevivió a los malos tratos de niña pudo querer romper la foto del Papa. Y que piensen si a los católicos irlandeses, por no atrevernos a decir “merecemos algo mejor”, se nos debe tratar como si mereciéramos algo peor.
© Sinead O’Connor, 2010
Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia. Tomado de EL PAÍS
02 abril, 2010
LOS AVATARES DE UN LOBO DOMESTICADO
Alguien dijo alguna vez, que en América Latina los monumentos deberían ser hechos con ruedas. Los vaivenes políticos se pueden leer también en los desplazamientos de ciertas esculturas y quizá el caso más significativo sea el monumento atribuido a Francisco Pizarro que mudó varias veces su residencia hasta llegar al Parque de la Muralla en Lima. En Arequipa tenemos el caso de la estatua de san Francisco. Originalmente se encontraba en el atrio de la iglesia flanqueado por las figuras de un lobo manso y una garza, correspondientes a la mitología de mansedumbre franciscana. El parque que está frente al templo de la Tercera Orden asumió, en el siglo XX, el nombre de "28 de Febrero" en honor a la revuelta que Sanchez Cerro encabezara y que terminó con el gobierno de Leguía. Casi 40 años más tarde, el parque recuperaría el nombre de san Francisco y el obelisco anterior fue reemplazado por la estatua del santo de Asís, ya sin los animales que lo acompañaban. Junto con el obelisco el parque perdió una atmósfera encantadora dada por una serie de piletas con sapitos de bronce y unas candorosas estatuas de cupidos regordetes y sonrientes. En las caras del pedestal se colocó la archifamosa oración franciscana "Señor... haz de mí un instrumento de tu amor" que fue perdiendo letras con el tiempo. Luego, el parque fue remodelado otra vez y la estatua de Francisco fue a dar al techo de la iglesia, en un ángulo casi imperceptible para el resto del mundo. El parque sufrió otra transformación, se le añadieron esas horrorosas rejas que supuestamente tenían que proteger las bases de los impresionantes contrafuertes de las úricas descargas de los jóvenes parranderos que los fines de semana pululan por los alrededores. La estatua de San Francisco regresó a su emplazamiento original, en una esquina del atrio de la iglesia. Se le volvieron a colocar sus acompañantes, el lobo y la garza; por desgracia ésta última ha desaparecido a pesar de las rejas, sin embargo el lobo aún tiene su actitud obediente y humilde. Aquí les dejo unas tomas realizadas ayer, jueves santo. (Todas las fotografías: Jorge Bedregal La Vera)
La plazoleta en pleno jueves santo. Nótese la ausencia de la garza a los pies de san Francisco
Restos de las patas de la garza que junto con el lobo, acompañaban al santo ecologista. (Foto: Verónica García Jarufe)
30 marzo, 2010
LA HISTORIA EN MONEDAS
Luego aparecerían otras monedas, más gráciles y elegantes, el llamado Sol "de llamita", que en realidad tenía en una de sus caras una preciosa figura de una vicuña. Junto con esa circularon unas monedas muy interesantes porque reproducían la figura de una moneda antigua, acuñada durante la colonia en Lima y donde aparecía la figura de las dos torres del escudo de la ciudad de los Reyes, capital del virreynato que estarían acompañadas de monedas de 5, 10 y 20 centavos que se caracterizaban por tener como símbolo una flor de cantuta.
Luego, llegó una de las tantas crisis que sufriera nuestro país y las monedas metálicas desaparecieron del intercambio y hubo momentos en que los pasajes urbanos, por ejemplo, se pagaban con cajas de goma de mascar o caramelos por la brutal escasez de circulante de metal.
Las monedas de 5 y 10 Soles, con las figuras de Túpac Amaru y un Kero respectivamente, circularon poco y desaparecieron ante el embate de una inflación galopante que hacía que la moneda metálica desapareciera y se tuvieran que imprimir cientos de miles de billetes que cada vez valían menos.
La inflación galopante hizo que el Sol desapareciera como moneda y apareció el Inti que valía mil Soles. Pero su vida fue breve ya que a la misma velocidad que perdía capacidad adquisitiva el Inti perdió peso y se convirtió en una monedita que parecía de juguete. El trístemente célebre Inti millón (y que valía la alucinante cantidad de un millón de Intis), símbolo del primer gobierno de Alan García y de la crisis económica más terrible que haya sufrido nuestro país, no tuvo referente en moneda. Aparecería luego el Nuevo Sol, que es la moneda que actualmente circula por nuestro país y aparentemente goza de buena salud. Junto con esta encontramos monedas de 10, 20 y 50 céntimos (las de 1 y 5 si bien tienen valor, sólo se las ve en las ventanillas del Banco de reserva) y las bimétalicas de 2 y 5 Nuevos Soles.
Ahora aparece un nuevo modelo de moneda, que lleva en su cara superior la figura de un "Tumi", cuchillo ceremonial representativo de la cultura Lambayeque en la costa peruana y que tiene la efigie de Ai Apaec, el dios más importante de la región. Supuestamente no reemplazará a la anterior moneda y más bien está diseñada como un objeto coleccionable. Ojalá nos llegue algún ejemplar para completar la movida historia peruana de los últimos ciencuenta años, en sus monedas.
La moneda de sol conocida como "galleta" o "grande" por sus dimensiones
El Sol que reproducía en su envés la primera moneda acuñada en Lima y que se le llamaba "de las Torres"
Bella figura de una vicuña en moneda que erróneamente se le llamaba "llamita"
24 marzo, 2010
LAS PESADILLAS DE LOS DICTADORES
23 marzo, 2010
UN REVÓLVER DE VIDA
