26 mayo, 2009

EL ESTADIO DE LA VERGÜENZA

Por desgracia, para algunos países, los estadios nacionales son símbolos terribles de tragedia. No sólo como producto de las pasiones desatadas por el fútbol, sino por acciones políticas que determinan la muerte de cientos de personas y de las maneras mas perversas. El caso más emblemático de estas vergüenzas es, sin duda, los estadios de Santiago de Chile, donde fueron torturados o asesinados miles de ciudadanos por el simple hecho de ser o parecer opositores a un régimen dictatorial y fascista. El Perú también tiene su momento vergonzoso relacionado con el Estadio Nacional de Lima. La historia es harto conocida: partido clave de clasificación a las olimpiadas de Tokio 1964, se enfrentan los seleccionados peruano y argentino, se anula un gol peruano, ingresa un fanático a agredir al árbitro lo que desencadena una serie de hechos sangrientos que culminan con filas de cadáveres de personas muertas por asfixia o aplastamiento.
La prensa de la época se desespera tratando de hallar culpables, desde el "Negro Bomba" (el desdichado que saltó a la cancha) hasta el jefe de policía que ordenó disparar bombas lacrimógenas a las tribunas, pasando por los empleados del coso deportivo que cerraron las puertas para evitar la avalancha de las personas que no consiguieron entrada y pretendían ingresar por la fuerza. Por supuesto, los culpables (que los hubo, sin duda) nunca fueron sentenciados. Sin embargo, el gobierno supuestamente democrático de entonces, presidido por el arquitecto Belaúnde Terry, aprovechó la gigantesca tragedia y cocinó en la sangre de los cientos de víctimas el potaje que le permitiría deshacerse de incómodos opositores. Se inició una campaña en la prensa para acusar al Partido Comunista Peruano, vieja organización pro-soviética de haber mandado infiltrados para desencadenar una protesta en el Estadio que desestabilice al gobierno. Cientos de dirigentes políticos y sindicales fueron apresados en una verdadera cacería de brujas, varios fueron torturados, encarcelados sin juicio o deportados. Esta maniobra política burda y vergonzosa, por desgracia, no está en el sitial que merece en nuestra memoria. Hasta donde sé, ningún historiador (licenciado o no) ha tomado este tema, lo hizo más bien con singular maestría y prolijidad un escritor peruano de muchas luces en una novela injustamente olvidada en nuestra literatura. Jorge "Coco" Salázar publicó en 1980 su magnífica obra "La Ópera de los Fantasmas" con la cual ganó el primer premio de Casa de las Américas y toca precisamente este episodio de la vergüenza nacional. Si algún lector tiene en su biblioteca esa novela, Agradezco de antemano la posibilidad de préstamo.

3 comentarios:

Cayetano dijo...

Resulta increíble que lugares que han nacido para la actividad deportiva, donde debería fomentarse una actividad sana, como son los estadios de fútbol, se conviertan a veces en símbolo de todo lo contrario: lugares de violencia desatad de fanáticos o de tortura de opositores políticos, como cuando el golpe de Pinochet en Chile.
Resulta paradójico: lugares para la muerte y no para la vida.
Un saludo.

Regina LC dijo...

y nadie recordó o quiso recordar esto cuando los funerales de belaúnde. tremendo calzonudo que no vio venir la amenaza de sendero luminoso.

Jorge Bedregal La Vera dijo...

Cierto!!! Se creyo tantos cuentos el viejito...